
haga click aquí para escuchar
EUGENIO MIRANDA ENTREVISTA A RADA EN RDV 790 AM EN (1984)
haga click aquí para escuchar






José Antonio Castillo es hoy en día una de las voces más cotizadas del país, se le escucha en el circuito Rumbera Network, así mismo también es la voz que identifica a 92,9 FM, Venevisión además de narrar muchos de los especiales de History Channel y Sun Chanel e identificar muchas marcas de prestigio en los medios nacionales. Uno nunca imaginaría que una voz tan templada y promocional estuvo dando sus primeros pasos en Radiodifusora Venezuela, y que además se vinculara profesional y emocionalmente al movimiento musical que en dicha estación se gestara. En 1984, a mediados de septiembre le tocó sustituir los horarios que quedaron sin locutor cuando me marché (Eugenio Miranda), y José Antonio aunque destaca lo difícil del trabajo que le tocó realizar y describe vívidamente todos los obstáculos que le tocó superar, cumplió a cabalidad la misión que le encomendaron en aquel momento en la estación que pinchaba autenticamente rock en la ciudad de Caracas. 
En la foto aparecen Ricardo Escobar (resistencia) a la izquierda, Laureano Rangel (Equilibrio Vital) detrás, Miguel Angel Echevarreneta (Tempano) a la derecha y Enrrique Castillo (en el centro) en la inauguración del film "ROCK VENEZOLANO" en 1983.
No cabe la menor duda que el mundo en torno al rock and roll es intenso, fuerte e ingrato. Se requiere de una gran fortaleza interna para resistir sus embates cuando uno está inmerso en él, bien sea como músico, empresario, manager, rodie, o cualquiera de los roles o facetas que él puede ofrecer.
La chica Juju no era otra que la mismísima Marisela Buenilla, digo, Marisela Bonilla. Igual que con mis otros ex compañeros, hubo una época en que recibía la cabina luego que ella terminaba su Disco Top 790 a las 6 pm, hora en que comenzaba otro programa que me encomendaron llamado: “Valle de Estrellas”.
Los únicos locutores que tenían clientes por esos días eran Jesús Leandro y Marisela Bonilla, y uno de esos clientes de ella era una discotienda que importaba discos de rock y quedaba en Sabana Grande.
Tan apasionada era con su trabajo que no se conformaba con su resumen musical de dos horas diarios, sino que hacía un especial sabatino llamado: “Música Libre” que era su espacio para la música nueva más progresiva o no tan comercial como la que usualmente ofrecía en su resumen diario y que la traía de su discotienda cliente. Con esa gran ventaja muchos estrenos de esos días venían desde ese horario como el larga duración “Grace under Pressure” de Rush, “Baron al Rojo vivo” de Barón Rojo, Y&T, Gary Moore, Miguel Ríos con su “Rock de una noche de Verano” y otros.
Marisela tenía un claro y definido gusto por el rock metal, por lo que de sus manos vinieron cosas tan intensas en esa época como: Manowar, Marillion, Peter Gabriel y muchos otros porque es que tanto ella como la productora y musicalizadota del momento Matty Scholtz estaban determinadas a tener la mejor y más alternativa música del momento.
Fueron muchos los años que Marisela estuvo involucrada en dicho proyecto radial, si mi memoria no falla fue entre el 81 y 86, es decir, cinco o más años que estuvo allí, lo cual le permitió acuñar una cantidad inmensa de acetatos, que fueron realmente clave en historia musical de esos años y sobre todo bandas y artistas incluso de no muy fácil acceso comercial.
Con el paso de los años, habiendo culminando esa etapa en nuestras vidas y entrados los 90 fuimos vecinos en San Antonio de los Altos y cuando iba a visitarla a su casa varias veces me permitió darle miradas rápidas a su prolija discoteca, envidiable para cualquier amante del buen rock de los ochenta, por lo que yo siempre me esparramaba en elogios para su colección.
Es en el 2005 luego de muchos años que nuevamente me encuentro con Marisela Bonilla en ocasión del tributo que la fundación Nuevas Bandas rindió al equipo de RDV, en la antesala al evento conversamos y de pronto al indagar acerca de sus actividades profesionales ella me relata que ha tenido mucho éxito en otra área laboral, que no era la radio y que luego de muchos intentos fallidos por años de retornar a la radio con libertad musical y ante la indiferencia de muchos medios ante su valor profesional se deprimió y puso toda su discoteca en la basura, si, así como lo lee, en el área de su calle donde uno pone las cajas y peroles viejos, allí mismo fueron a dar los discos de Marisela Bonilla, y es que esas cosas pasan, desilusiones, decepciones, depresiones y hasta arrecheras claro, pero coño, Marisela no me cansaré de decirte: ¡QUE BOOOOOLAS LOS DISCOS DE DIFUSORAAAAAA!
Si en algo coincidimos todos los que transitamos por Radiodifusora Venezuela en ese período fue en que el personaje más entusiasta, servicial y verdadero amigo fue Gian Visconti.
Por esos días del 83, Gian asumía con total seriedad el rol de Disc Jockey de emisora de rock, pasando por alto el exiguo salario que devengábamos. Tuvo diferentes horarios, si mal no recuerdo comenzó los domingos con un programa matutino que rápidamente acaparó gran sintonía, luego pasó al equipo de diario con su célebre: “Entre dos décadas” de 12 md a 2 pm y finalmente fue transferido a las noches, de 10 pm a 12 pm o algunas veces hasta las 2 am.
Como yo conducía “Los Venezolanos en el Tope” que era en la noche, me encontraba a diario con Gian que llegaba para comenzar su programa, justo después del mío. Llegaba temprano, desde las 9 pm ya iba instalándose en la cabina, siempre era un largo proceso, traía docenas y docenas de acetatos, fantásticos todos, de todas las décadas, casi siempre le acompañaban muchas personas: sus hermanos, familiares, otros músicos, amigos, amigas, todos admiradores y amigos de Gian, parecía que querían disfrutar con el todo el tiempo su forma práctica y divertida de enfocar y desenfocar el mundo.
Rápidamente me hice amigo de Gian, y me di cuenta de su gran background musical, así que luego de terminar mi horario me quedaba algunos minutos al principio de su programa para compartir con él y sus amigos. Posteriormente me iba quedando más y más minutos, en ocasiones una hora completa de su programa, y finalmente me quedaba algunas veces incluso todo su programa, que se había constituido en una gran escuela para mi.
Como hablaba tanto: al aire, por teléfono o con sus amigos, el me permitía que yo le ayudase seleccionando la música, cosa que hacía con mucho entusiasmo porque iba adquiriendo velozmente amplios conocimientos musicales. Yo le preguntaba: “Gian y estos quiénes son, de dónde son, etc.” y el me explicaba y los ponía para que yo escuchara, y así fue docenas y docenas de veces, lo cual iba forjándome un conocimiento biográfico musical invalorable.
Entonces algunas noches al despedirse a las 12 nos montaba a todos en su viejo Mercedes Benz y nos llevaba a casa o nos dejaba cerca, todos prendidos, ah porque Gian podía dejar en casa uno u otro disco, o cualquier cosa, pero su carterita de ron nunca, por eso decía con mucho humor negro y orgullo que el pertenecía era al movimiento del Ron Nacional.
El encuentro con Arturo Camero tenía no podía ser de otra manera, sino de la forma que el mismo era, o aun tal vez es: extrañamente único. A escaso un mes de pertenecer al staff me asignan el emblemático horario venezolano llamado: “Los Venezolanos en el Tope”, que iba hasta las 9 o 10 de la noche, ya no recuerdo bien, lo cierto era que luego de ese horario venía Arturo, su programa era en la noche, era el rey de las noches, el horario perfecto para dar rienda suelta a toda su particular personalidad irónica, desafiante y exigente. Ya lo había oído con anterioridad en casa, pero no tenía idea de quien era, no le había visto. A 10 minutos antes de terminar escucho un que alguien toca el timbre intermitentemente. Era Arturo, y su amigo y compañero de las noches Nelson “El Mandarín” le abre con velocidad. Con mirada curiosa trato de observar desde adentro de la cabina, a través del vidrio que me aislaba hasta el pasillo, pero no preciso mayor información, solo veo pasar una fugaz figura sombría hacia el otro extremo del pasillo. Se enciende el bombillo “en el aire” para que me despida, y mientras daba mis créditos de despedida aparece en el espacio del control maestro Arturo Camero, y debo decirles que no supe si reirme por el impacto divertido que me causó su presencia o asombrarme por lo extraña de ella.
Recordar a Radiodifusora Venezuela para mi se convierte en un proceso que lleva muchos minutos, horas y hasta días, debido a lo significativo que mi paso por esa estación representó en mi vida en muchos aspectos, pero como la dinámica de la vida exige atención al presente tan exigente, uno deja por mucho tiempo el espíritu de esos recuerdos permanecer inalterables en ese espacio que el psiquis utiliza para guardar los momentos más especiales.
El primer recuerdo que tengo de esa estación viene de forma inmediata y tiene que ver con mi primera entrada a ese recinto, totalmente familiar, llegué sin ninguna clase de prejuicios, tal vez por la ansiedad de comenzar a perifonear prontamente sin importar el estilo de la estación, lo importante para mi en 1983 era iniciar mi carrera radial como locutor. No puedo decir que yo era un roquero empedernido, ni que entré a la estación a impulsar el rock nacional y esas cosas, no señor, que va, entré de casualidad porque un amigo mío, Javier Díaz (QEPD) que era un veterano de la radio llamó a Gerardo Marquina a ver si le hacía falta locutores. Yo quería hacer muchas cosas en el oficio de la locución, grabar cuñas, leer noticias, hacer programas de toda clase, ser Disc Jockey, etc, pero locutor de Rock, mmm no lo había pensado, para 1983 con 17 años solo tenía en mi lista de predilectos a Peter Framptom, Queen, The Police, Bob Marley, Iron Maiden y no muchos más.
No obstante el destino es el destino y luego de unas dos o tres llamadas que hice, quien me cita es Matty Scholtz porque Gerardo Marquina ya se había ido. En la primera sentada Matty y yo tuvimos link y me da una guardia los sábados, y el acontecimiento más significativo de esa primera cita de trabajo fue su incomodidad con mi apellido real: “Escalante”, entonces me pregunta que si no he pensado en otro apellido y sin mucha resistencia acepté pensar en cambiarlo por Miranda, que era el de mi abuelo materno, así que desde ese entonces fui Eugenio Miranda, y no Eugenio Escalante, porque en ese momento Alfredo Escalante era enemigo de la estación, y ellos no querían un locutor con el mismo apellido de su contrincante, y yo realmente detestaba que me preguntaran: tu eres primo de…, eres hijo de… eres familia de…, y no por Alfredo, quien se merece todo mi respeto, sino por la comparación con otros apellidos famosos, porque yo era medio rebelde e independiente.
De esa forma un 5 de julio de 1983 me enfrento por primera vez a una cartelera de rock en una estación de radio, y aunque tenía pauta musical me llevó unos 2 meses comenzar a diferenciar un grupo de otro. A mi me daba lo mismo quién tocaba la guitarra, o qué grupo sonaba, en lo que pensaba era en practicar lo más que pudiera para marcharme pronto a otra estación más comercial. Sin embargo ponía atención a todo para no hacer las cosas mal. Oía la radio en casa para ajustarme al estilo, no me era fácil adaptarme porque era diferente a lo poco que yo había antes escuchado, y recuerdo que algo extraño me había comenzado a ocurrir. Era una sensación de novedad, de despertar, de familiaridad.
Seguí haciendo mi trabajo lo mejor que podía conforme me iban dando mejores horarios y más guardias, de esa forma en tres meses ya identificaba todos los grupos, en cuatro meses conocía toda la programación e investigaba fervientemente sobre las bandas, en 5 meses todo ese rollo ya estaba en mi sangre y luego nunca más salió de ella. Esos 6 primeros meses de mi año en RDV 790 marcó para el resto de mi vida todos los pasos que dí en la radio, influyó en mis decisiones profesionales sobre qué programas hacer, sobre qué trabajos aceptar y sobre qué haría en mi vida. RDV 790 es la casa de la que nunca más pude salir, de la que nunca quise salir y en la que siempre estaré.